Cantonio Sopaboba.
El pequeño monje de Baal es un hombre llano…bueno, más que llano, sencillo… bueno, más que sencillo, simple. Ha pasado toda su vida entre las paredes del templo de su congregación y, a lo sumo, mirado
el exterior por una ventana… pero poco rato ¿eh?. Apenas sabe nada de la vida, cuanto menos de la vida en la ciudad (como Paco Martínez Soria, más o menos), y las circunstancias lo abocan a tener que
desenvolverse en un ambiente que le es profundamente hostil mientras tratar de llevar un objeto de capital importancia ante el rey. Desconoce el valor de la plata y la mecánica de las transacciones comerciales.
Su concepto del aseo personal consiste en raparse la cabeza todos los días… y ya está bien. Además, su gusto en el vestir es, siendo muy condescendiente, dudoso, lo que le acarreará no pocas críticas en
Tartessos, centro de la moda ibérica de la época. Es primo de Nórax
… claro que Nórax casi siempre se desenvuelve entre "primos".




Vitorio Locuelo.
El más famoso modisto de Tartessos, depositario de las normas de la elegancia y el buen gusto, artista consumado de la tijera, la aguja, la tela, la fíbula y demás complementos, promotor siempre de la última
moda en el vestir, es un tipo refinado… ¡Que digo refinado, refinadisisisisimo!. Si quieres mostrarte deslumbrante en una fiesta aristocrática, si debes seguir las protocolarias reglas de la indumentaria en una
recepción oficial, si has de asistir a una celebración religiosa o festiva de alto copete y no sabes que ponerte, acude a Vitorio y tus problemas se habrán resuelto: quedarás hecho una "monada"… claro que, si no
acudes con una buena bolsa repleta de plata puedes quedar hecho un "mono", eso también hay que decirlo.

Benigno el Turdetano.
Es sin duda el peor bandido de las sierras de Tartessos... en todos los sentidos... reales, figurados y desfigurados. Gobierna con mano y cabeza duras a un desarraigado grupo de asaltacunas,
saltabardales, apedreaperros, destripaterrones, revientagranos, mascaboñigas y rebañaollas de diversa calaña... gente de baja estofa, para que ustedes lo entiendan. Sus principales víctimas son los
descuidados caminantes de los senderos boscosos, los incautos navegantes del caudaloso Tarsis y cualquiera que se acerque a su banda a menos de lo que alcanza el olfato en distinguir a un
gilipuertas. Su "cueva-cuartel" parece un "todo a cien" de la época. En ella se pueden encontrar, mezclados sin orden ni concierto, millones de objetos de más que dudoso gusto y calidad, aunque,
como es de suponer, a Benigno le parecen un tesoro de incalculable valor.





El Druida.
Este brujo celta de aspecto inquietante y oscuras costumbres nocturnas habita una fétida cabaña en un tétrico islote rodeado de quejumbrosos pantanos por los que se arrastran abominables criaturas (da
canguelo, ¿eh?). Es especialista en adivinar el futuro arrojando al suelo un montoncito de huesos, piedras y palos (ya ves tú que complicación). Él llama "runas" a estos sencillos objetos, seguramente para
darle un toque exótico a tan simple actividad y así cobrar algo más. Ya se sabe que muchas cosas se venden por el envoltorio. Yo, sin ir más lejos, me compré un pin del grupo vasco de Rock
"Kakakulo" por que venía en una cajita de madera de arce y... Vale, me estoy yendo del tema, pero es que hay poco más que contar. Ah, si. El druida aborrece los pagos en plata... tiene demasiada en la
trastienda y es un engorro.